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Las Aulas
Es el primer día de clases y despues del largo
parte de día y de la ceremonia de inicio del año
escolar 1975, el batallón de cadetes formado en la
explanada se dirigió por años a sus respectivos
pabellones de estudios, las vacas a la famosa
“siberia” como se le llamaba al edificio donde
el V año tenía sus salones de clases, segun
los rumores en la siberia corría un viento frío
día y noche por sus corredores y de alli el nombre
sacado de la frígida región de las estepas Rusas.

Primer Día de clases
Algunas veces me contaron historias de almas en pena
y manifestaciones espectrales ya que segun se cuenta
en los tiempos de la Guardia Chalaca siendo el edificio
usado por ellos sufrió un incendio donde perecieron
algunos miembros de la Guardia, aunque nunca vi ni escuche
a ningun fantasma durante mis tres años de internado,
cada vez que me tocó ir a la siberia de día lo hacia con
reverencia y curiosidad pero por la noche nunca me acerque
por alli salvo una vez a la hora de casino que fue con
ocasion de mirar una bronca, pero claro con la compañia
de varios cadetes.
Los pabellones de IV y III año estaban situados conjuntamente
los perros en el primer piso y los chivos en el segundo.
Mi aula estaba ubicada en una esquina, era bien iluminada
aunque para 45 alumnos ya quedaba estrecha, alli pasamos
todo ese año todas la mañanas en clases de Matemáticas
con el “Chino” Alonso, Química con el “Loco” Aldana y
otros tantos recordados maestros.
En las noches despues de la hora de casino regresabamos
a las aulas para estudiar hasta las 21:30 hrs en que
saliamos a formar y de alli marchando nos dirijiamos
a las cuadras muchas veces nos llevaron raneando o a
marcha de pato según el humor de los monitores o del
interes o desinteres del servicio de día en que nos
castigaran físicamente.
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Las Broncas
Por Ronald Robles
Como en todas partes, las broncas eran de esperarse. Apenas si
habrían transcurrido un par de semanas de nuestro ingreso al
Colegio.
Internados y conviviendo mañana, tarde y noche con desconocidos de
distintas procedencias, la gente empezaba a trazar su línea. En mi
sección había toda clase de estereotipos.

Habían los buena gente, los chancones, uno que otro monguito,
los payasos, los fumones, y también los que vivían sólo para joder
y buscar broncas. Yo me consideraba del grupo de los chancones,
pero también de los buena gente. Era amigo de todos y los trataba
por igual. Hasta que llegó el día en que los matones me tuvieron de
punto.
En realidad fueron varios días. Lo usual era joderte con
mariconadas, o insultar a tu madre o a tu hermana.
Uno por dársela de muy macho, salía en defensa de su honor
pero generalmente lo dejaban mal parado, o lo enviaban
directamente a la enfermería o al calabozo, según sea el caso.
Esos días se me hicieron largos y angustiosos. A pesar de ignorar
sus insultos y provocaciones, ellos no bajaban la guardia.
Transcurrieron algo así como un poco más de dos semanas.
El ambiente estaba caldeado y la situación empezaba a tener
color de hormiga. Estos provocadores realmente empezaban a perder
la paciencia con mi juego de ignorarlos y a veces vacilarlos con
mi ingenio y buen humor.
Era Viernes por la mañana y todos nos encontrábamos en el aula
esperando al profesor de Cívica. El otoño y sus males que trae
habían enfermado a nuestro maestro. El no vendría según nos informó
el Brigadier de Sección, y nadie lo reemplazaría.
El reloj se echó a correr. Muy pronto los ladillas comenzaron
a molestar al resto. Había llegado mi turno.
-Oye papacito... ah si que tú te crees pendejo?... -me dijo el
"queso" como así le llamaban. Este era un "achorao" de Huancayo
que estaba haciendo puntos para ganarse la confianza del "tuerto",
el más bravo de todos. El tuerto, a pesar de su mediana estatura y
delgadez, desde el primer día se había medido a puños y patadas
voladoras con los más grandes y pintados. Ya nadie le hacía la
bronca. El ya había trazado su línea y todos sin excepción
respetaban su territorio. Además sus innumerables cicatrices
tenían algo más que decir.

Yo levanté la mirada y observé como el queso dibujaba entre
dientes algo así como una mentada de madre. En mi interior había
una voz que me decía -Ya! Sácale la m... de una buena vez! Pero
por otro lado pensaba en las consecuencias. Mientras vacilaba, mi
compañero y buen amigo el "picapiedra", un muchacho de Chimbote,
saltó por mi. -Oye serrano de m... vete a joder a tus iguales!
-Le dijo el picapiedra al queso, tumbándolo de un solo empujón.
En cuestión de segundos las pesadas carpetas de metal y gruesa
madera repintada por años eran puestas contra la pared.
Unos yacían parados sobre los pupitres para ver mejor.
Otros yacían de campanas en la puerta para avisar si venía
el Servicio de Día. Pero era el tuerto el que se mediría con
el picapiedra. Entre mentadas de madre ambos se dieron de
empujones. El queso metía candela así como los otros dos
ayayeros del tuerto. En un descuido del picapiedra, éste
recibió un cabezaso en la nariz y simultáneamente era derrivado
cuando el tuerto lo alzaba de las piernas. El picapiedra cayó de
espaldas retorciéndose de dolor.

El tuerto sentado sobre él, le propinó más golpes en la cara.
El picapiedra se cubría el rostro como podía y ahora casi todos
eran presa de la euforia y pedían ver sangre. Era inútil intentar
detener la pelea. A excepción mia y del picapiedra, creo que todos
estaban disfrutando de la paliza. El tuerto se puso de pie. Dejó
que el picapiedra se levantara como pudiera, para tan solo darle
la estocada final. Como en previos duelos, el tuerto cruzó los
aires para acabar con mi compañero con su patada voladora.
El picapiedra fue lanzado contra la ventana rompiendo el vidrio
con la cabeza. Todo esto ocurrió en tan pocos segundos que
inexplicablemente parecieron una eternidad. El Servicio de Día
llegó, pero era demasiado tarde. Todo estaba consumado. El tuerto
fue llevado al calabozo mientras que el picapiedra se repondría en
la enferemería después de algún tiempo.

El asunto no terminaba allí. El queso regresó a mi y me enfrentó
delante de toda la clase diciéndome -Ya viste lo que le pasó a
tu marido? Dame un besito papacito... -Yo estaba a punto de írmele
encima. Todos me observaban para ver mi reacción. Más de uno quería
verme pelear y ya otros compañeros me habían aconsejado con
anterioridad que debía hecerlo para definir ese absurdo territorio.
-Espera queso! Le grité. -Si tú quieres pelearte conmigo,
te espero a la medianoche en los malacates, le dije. El queso se
rió y me contestó: -Qué pasa, te orinas a que te saque la m...
ahorita? -No! -le respondí. -Esto es algo personal entre tú y yo.
No hay necesidad de tener público. Lo tomas o lo dejas... El queso
se quedó pensando. Me imagino que se confundió con este "rollo" que
no esperaba. Finalmente aceptó. A mis espaldas comenzaron a
circular las apuestas. Yo no sería el favorito por lo que veía.
La noche llegó. El toque de silencio fue dado. Al cabo de un rato
la mayoría ya estaba durmiendo. Mis pensamientos estaban puestos en
lo ocurrido esa mañana y en lo que podría hacer para lograr que
estos malandrines entren en razón. Denunciarlos no era una opción.
Sería un soplón. Hacer mi propia "coyera" para equilibrar futuras
broncas tampoco era una opción que valiera la pena.
Estaba convencido de ese refrán "del que a hierro mata, a hierro
muere".

Enfrentarme con ese gallo sería lo mejor para comenzar con mi
cruzada. Unos minutos más y mis pensamientos se hubieran convertido
en sueños o quizás pesadillas. El mismo "queso" fue a buscarme a mi
camarote con dos de sus secuaces diez minutos antes de la medianoche.
El queso me dijo: -Oye pituco... ya te chupaste?... -No queso...,
le respondí. -Ya me estaba quedando dormido con la espera. Te veo
en diez minutos en donde acordamos...

Los tres se fueron riendo. Lentamente me quité el reloj y después
de guardarlo en el ropero me puse mis borseguíes. Mi llave y mis
placas las dejaría debajo del colchón.
Caminaba en pijama por el pasadizo central con dirección a los
malacates cuando el imaginaria me preguntó a donde iba. Yo le
respondí que iba a darme un baño. Al cabo de unos minutos estaba
en el lugar, al frente de los malacates, sobre un terral que alguna
vez habrá sido un jardín.
El queso llegó un par de minutos después,
seguido por dos más que no eran de mi sección. La noche estaba
clara, teníamos luna y el cielo despejado. Pude ver que los dos que
acompañaban al queso debían ser parientes de él por sus rasgos
físicos.
Pero también pude ver que sus sonrisas sarcásticas
cambiaron cuando se aparecieron detrás de ellos cinco de mis
buenos compañeros de sección, y de los más grandes por cierto.
La situación entonces se tornaba más balanceada. -Queso! le dije,
-Si he venido es porque tú quieres que me "meche" contigo.
He tratado de no reponder a tus provocaciones porque a golpes no
se gana el respeto. Lo que suceda aquí, aquí queda y espero que
quedes satisfecho... Creo que al queso se le cruzaron los chicotes
por algunos segundos asimilando lo que acababa de decirle.
Más luego reaccionó y con una sarta de ajos, cebollas y mentadas
de madre se me vino encima.

Algo que aprendí practicando Judo durante varios años en el Callao
Judo Club fue a esquivar los golpes y mantener mi equilibrio.
Durante varios minutos me llovieron puñetazos y patadas que fui
esquivando afortunadamente. Los ayayeros del queso le gritaban
que acabara conmigo de una buena vez. Mis compañeros sólo
observaban en silencio, o quizás también para no llamar la
atención de la ronda.
Mientras me mantenía virtualmente inalcanzable, buscaba que el
queso se cansara repartiendo puñetazos y patadas al aire a
discreción y dando vueltas alrededor mio, maldiciéndome a su
regalado gusto. Luego como me lo esperaba, el queso se extenuó.
Aprovechando que él bajo la guardia, aproveché para darle un
tremendo puñetazo en la boca del estómago. El queso se desplomó
y yo me lancé sobre él para aplicarle un candado e inmovilizarlo.
Todos los demás corrieron hacia nosotros. Hasta los ayayeros me
gritaban que le destrozara la cara.
Eso era lo usual. Yo mantenía
firme el candado y entre el bullicio, el polvo, y la oscuridad de
esa noche cuya luna ya se desvanecía, me dije que eso era
suficiente.
El queso estaba sollozando. No podía respirar. El golpe en el
estómago y su previa agitación lo habían colapsado. Al ver sus
lágrimas y entender lo que le sucedía, le hablé con calma de que
no se preocupara más. De inmediato lo asistí y los demás se
unieron para ayudar. Pasó un largo rato hasta que el queso pudiera
respirar normalmente y hablar otra vez. Esa madrugada fue muy
importante para mi. No sólo trazé mi línea, el queso llegó a ser
un excelente amigo mio y de todos y la gente comenzó a dejar de
meterse en broncas. Empezábamos a madurar.

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Algunos Recuerdos
Por Manuel Acosta
Cuando recién entramos de perros, una noche se hizo una actuación
en nuestro pabellón con la presencia del entonces Mayor Tisoc,
que era tío de Jimmy y el Jimmy hizo de pareja en el desfile con
uno de la primera sección, vestido de hembra y el muy conchudo fue
y le agarró el cachete al Mayor y le guiñó el ojo y caminaba
mandando besitos ante la hilaridad de todos nosotros, que no
paraban de sirearlo(a). No faltó alguien que quería pedirle su
teléfono...
Se acuerdan de las salidas a las academias en 5to año? Gustavo
siempre regresaba tarde haciendo ruido con su moto.
Todos sabíamos cuando llegaba Riofrío. Academias como la Gálvez,
fueron muy populares en nuestra época, pero ya no existen.
Buenas hembras conocimos allí. Mi professor de física de la Gálvez,
el Sr. Lazo, fue el que me convenció a que postulara a la Marina
de Guerra del Perú.
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Mas Recuerdos
Por Gustavo Riofrío Correa
Al final del año '76, 4to. año de secundaria, el sub-oficial
Salas nos estaba buscando para llevarnos a cortar el pelo.
Nos encontró a todos en la cuadra de la sétima sección donde
estaba Jimmy tocando guitarra, Peter, Manrique, Manuel Acosta,
Julianito Pedraglio, etc. A todos ya los había agarrado para
cortales el pelo, pero los últimos que quedábamos para esta
aventura éramos el chino Vega y yo. Atiné a sacarme los lentes
y ponerme del otro lado y el sub-oficial Salas no me reconoció
y se llevó al chino que le metieron una pelada de la pitri mitri.
Jimmy me decía que por compañerismo debería acompañar al chino,
pero por supuesto no fui.... y esa misma noche me salgo encontrando
cara a cara con Salas cuando regresaba de esconderme en la cuadra
de los perros. Me llevó a la peluquería y....por suerte ya estaba
cerrada. Terminé ese año sin cortarme el pelo, por que de ahí en
adelante los pocos días que nos quedaban en el colegio igual me
"cabreaba"....
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Otra de Broncas
Por Adrián Reyes M.
Por alguna razón me gustaba joder a los chivos. Una vez le mandé
un beso a unos chivos y me tuve que mechar como cuatro veces esa
semana con chivos que venían a joderme. Uno de ellos de apellido
Guerrero me tenía seco y nos mechamos en los malacates.
Torombolo Valdespino Del Solar Luis Eduardo, que era nuestro
submonitor, me acompañó para que no me vayan a sacar la m...
entre varios.
Cuando llegamos habían como 5 chivos de la XXXI
y Valdespino sacó la cara por mi y les dijo que era una bronca
entre Guerrero y yo... y así fue carajo, nos estábamos sacando
la m... hasta que él se cansó y yo que estaba recontra entrenado
por el tenis le saqué el ancho.
Esa noche cuando fui a despertarlo a Gustavo para que me
acompañara me mandó a la m... y me dijo "tengo sueño...". Que
amigo, pero en ese tiempo no éramos tan amigos tengo que
admitirlo...
Otro día, saliendo con Gustavo del rancho, una vaca que no me
acuerdo su nombre pero era amigo de Tavo, también de Pisco, lo
llamó para joderlo y el tontonazo de Gustavo lo mandó a rodar
delante de todo quinto año. Me puse verde cuando se nos vino
toda una mancha y nos metieron a los malacates a punta de empujones.
Felizmente sólo nos atarantaron y la vaca nos dejó ir. Pero ahí
estaba yo carajo, para defender a mis amigos.
Una vez me meché con Jimmy... bueno mejor dicho cuando Jimmy me
sacó la m... en 5 segundos. Cuando ya me tenía en el suelo me
agarró de la ñata y me dijo: "Tranquilo tucancito, tranquilo..."
y me soltó. Se pasó, no me quiso abollar.
Un dia el enano Quevedo y yo estábamos de imaginarias. Ya eramos
chivos. Yo estaba en la cuarta y Miquito en la Quinta. Al enano
siempre le gustaba fastidiar a todo el mundo. Como no podía ser
diferente aquella noche nos pusimos a conversar y el enano se maleó. Nos fuimos a una de las cuadras y lo agarró a tablazos al pobre Causita quien tranquilamente dormía en su camarote. El sueño de Causita era tan profundo que apenas si se movía. Cada 15 a 20 minutos el enano volvía al ataque y le daba con más furia. Por más que le decía al Micky que lo dejara en paz, mi compadre seguía. Hasta que no llegó su relevo no paró. Mi curiosidad era grande y al día siguiente pasé por la formación a ver a Causita que conversaba con otro y le comentaba que por alguna razón había amanecido con un fuerte dolor de cabeza...
Una de Jimmy. Después de las prácticas de fútbol se ponía a
conversar de camarote en camarote mientras todos nos bañábamos y
cuando sonaba el silbato para salir a formar se ponía a gritar como
una loca: "AAAYYY, ya no ya, no tengo tiempo para mi bañoooo,
aayyy..." y se iba corriendo como marica con el calzoncillo cochino
y bien sudada, se echaba colonia de cualquiera de nosotros que se
descuidara y LISTO. El Micky era el más perjudicado, pues le dejaba
la colcha de su cama toda sucia y apestosa.
Otra de Jimmy. Los Domingos, cuando regresábamos de paseo el
Jimmy se ponía las panti y el calzón de su hermana mientras que
el gordo De La Villa ponía música de cabaret y lo alumbraba con
una linterna bajo la luz de descanso de las cuadras, esa que
parecía de burdel... qué años! Entraba marchando bien machito,
levantando la pata con paso de escolta y poco a poco iba cambiando
hasta que se convertía en una loca... Este loco sí que nos animaba
con su gran humor.
Lo del Yogur fue una de las mejores de Gustavo. Se cuenta que en
un hermoso día de verano en el mes de Febrero, cuando estábamos de
vacaciones, un grupo de forajas leonciopradinas estábamos gozando
de una tarde muy placentera y relajada. Estábamos Micky, Tavo, el
chino Vega, Jimmy, yo, entre otros. En esa época estábamos misios,
total éramos estudiantes o vagos, como lo quieran llamar.
Como era costumbre, llegó la hora del trago y de la famosísima chanchita.
Estábamos todos en La Herradura y para la primeras rondas cheleras
todo fue de completa normalidad. Jimmy contaba chistes,
yo metía cizaña, Micky soñaba con Paty (la futura esposa del Chino
Vega), Tavo se rascaba el culo, el Chino Vega contaba de cuando
Tavo falsificaba papeletas de salida para ver a su hembrita Fátima
y bla, bla, bla. Ya el sunset había pasado y como era de imaginarse
con tanto borracho junto se acabó el trago, era entonces momento de
otra chanchita. Volvimos a poner por turnos.
"Bueno yo tengo tanto...", "Yo tengo esto...",
"Yo pongo 15 soles...", "Yo 30...". Jimmy dijo:
"A mi ni me miren...", hasta que llegó el turno de Gustavo
y el muy conchudo dijo: "Yo tengo pero no puedo dar nada...".
Todos nos quedamos mirándonos ya que sólo faltaban 7 mangos para
completar y nos preguntamos: "Y éste qué tiene?", y
Tavo respondió como sólo él podía hacerlo... sin pensar...
"OH... es que necesito PARA COMPRAR MI YOGUR!!!.....Ya se
imaginan la cara de todos, el Jimmy fue el que mas lo jodió
toda la noche sin parar.......en plena chupeta pensando en su
yogur, sólo a Ñaño se le ocurre....
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El Pechazo
Por Ronald Robles
Estábamos de perros y tuvimos un monitor general que cariñosamente
le llamábamos Rosito por la cara de hembrita que tenía.
No sé si tendría hermana pero de hecho que sería muy guapa.
Pero de marica no tenía nada, al menos eso creo, lo cierto es
que era super "ladilla" y le gustaba joder a los perros, o sea
a nosotros.
Un buen día para variar, el buen Jimmy habia hecho una de las
suyas y con el dicho ese de "cuando llueve todos se mojan" toda
mi sección tuvo que pagar.
Rosito estaba hecho un pichín y tenía que saber a como de lugar
quien puso su ropero de cabeza, vandalismo conocido como
“la catarata”.
Era la primera sección, donde habían juntado
a los más viejos de la promoción y a los más "jollas" también.
Nuestro monitor, Palacios Gallo Javier Tomás, fue lo más acertado
que el Jefe de Compañía nombró para ponernos en vereda.
Después de ranear, kangurear, hacer planchas y volver a ranear,
kangurear y hacer más planchas, nadie abría su boca para denunciar
al culpable.
El sub-oficial de ronda ordenó que ingresáramos a las cuadras.
El toque de silencio lo habíamos escuchado buen tiempo atrás.
Creímos que estabamos salvados, al menos por esa noche, pero sólo
fue para seguir haciendo más ranas, kanguros y planchas, pero mudas
esta vez.
Rosito no perdía el control ni la paciencia y era de los que les
gustaba dar sermones mientras hacíamos plantón encima de los roperos.
Convencido de que ninguno de nosotros delataría a nadie, se le
ablandó el corazón, así que antes de que amaneciera se despidió
de cada uno de nosotros con un sonoro pechazo que llevé orgulloso
por lo menos tres días, mientras me reponía del impacto y del dolor
de costillas.
El pechazo era el arte de resistir en la posición de atención un
golpe seco que se recibía en el pecho dado en simultaneo con ambos
puños del cadete al comando. Si te movías o dabas un paso atrás
como consecuencia del pechazo, entonces te daban otro "pa' que
aprendas a no moverte."
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Nuestro Reencuentro A Los 24 Años
Por Fernando Castillo Moscoso
El día sábado 25 de agosto se realizó el esperado reencuentro.
La escolta de la XXXI se relevó con la nuestra, y recibimos orgullosamente la bandera y el estandarte del Colegio Militar Leoncio Prado.
Fue una ceremonia emocionante. Los integrantes de la escolta vistieron el prestigioso uniforme como lo hicimos de cadete.
La integraron José Luis Davelouis, José Granados, Heberto Cárdenas, Luis Parra, Jaime Brossard y Manuel Granda.
Javier Giribaldi y Dupont llevaron los estandartes. Nuestros demás compañeros estuvimos uniformados con saco negro, pantalón gris, cristina negra y corbata guinda.
Nuestro distinguido camarada Kurt Burneo, quien actualmente se desempeña como Viceministro de Hacienda, fue invitado por el Director del Colegio al Estrado Oficial.
Luego se unió a la formación y desfiló con todos nosotros.
Asistimos aproximadamente 90 ex-cadetes leonciopradinos de la XXXII.
Luego se realizó un almuerzo en el restaurante "El Saoco", extendiéndose la
celebración hasta las 02.00 AM.
Se ha creado un gran espíritu de grupo, con Jaime Brossard a la cabeza, con quien estamos trabajando para las actividades de las Bodas de Plata del 2002. Hasta la próxima amigos.

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Superior a La Mejor
Por : Jorge Ungaro - XXXII Promoción "Bicampeones"
Cuando Ingresé al CMLP en el año de 1975, la tradición de que las
promociones pares son superiores a las impares ya era conocida.
La XXX promoción quienes eran los cadetes del 5to año, nuestros
Técnicos en ese entonces, nos contaron que siendo ellos Aspirantes
(cadetes de 4to año en 1974) osaron por cambiar su lema tradicional
"Disciplina-Moralidad-Trabajo" por "Superior a la Mejor" durante un
desfile a los comedores, delante de los alumnos del 3er año,
comunmente llamados los "perros'" (XXXI Promoción) y desafiando
a las "vacas" (XXIX promoción) quienes estaban formados frente al
pabellón Duilio Poggi.
La XXIX tradicionalmente cantaba "La Mejor...ra,ra,raaa!". La ofensa
creada era mayúscula. Todas las vacas empezaron a gritar "masacre-masacre!".
Otros gritaban "Esta noche los chivos se mueren...!". Lo cierto es que esa
noche, después de la función de cine en el auditorium, el servicio de día
cometió el error de hacer salir primero a las vacas quienes tomaron posiciones
en todos los alrededores de la canchita de fulbito esperando la salida de los
chivos. Los chivos inteligentemente se agruparon de tal forma que los más
pequeños fueran al centro de los más grandes y fuertes y como masa compacta
aguantaron la embestida de la XXIX. La reyerta adquirió una ferocidad sólo
comparable a las que suceden crónicamente en el instituto correccional juvenil
de Maranga.
La XXX se replegó a sus cuadras donde se parapetraron tomando posiciones de
altura para organizar su defensa. Allí le hicieron frente a las vacas
causándoles varias bajas a causa de las pesadas bancas de madera que se
las dejaron caer desde los balcones del segundo piso de las cuadras.
Las vacas fueron a sacar a los perros de sus cuadras a fin de reforzarse
y contra-atacar pero la XXXI no quizo participar en esta masacre. Luego
del estruendo de lunas rotas, gritos y con el pasar de las horas, los
técnicos finalmente se retiraron a sus cuadras y así el CMLP volvía a
la calma pero con docenas de cadetes en la enfermería. Esa noche será
recordada como la masacre de 1974. He tenido oportunidad de compartir
este hecho con cadetes de otras promociones quienes me han mencionado
que también la XXVI promoción canto al igual que la XXX el lema "Superior..."
siendo los técnicos de la XXV promoción los que iniciaron una "masacre".
Los detalles de ésta no las tengo pero las fuentes entrevistadas me afirmaron
que se han sucedido varias "masacres" como consecuencia de ese lema.
En nuestro caso la XXXII promoción no necesitó entrar en un enfrentamiento
violento al cantar ese lema pues a mediados del año de 1976 ganamos las
Olimpiadas internas siendo todavía Aspirantes. Los Técnicos de la XXXI
protestaron y lograrón que el partido de básquet legítimamente ganado
por 4to año se jugara nuevamente (ese partido definía al campeón).
Al día siguente se jugó nuevamente el partido enfrente del comando y se
le volvió a ganar después de un intenso y disputado encuentro.
Al pitazo
final las vacas estaban tan frustradas que empezaron a insultar a los
jugadores del equipo de básquet y esto originó un conato de bronca allí
en medio del coliseo, el cual fue controlado de inmediato por el Coronel
Director y sus oficiales. 4to año se retiró entonces a sus cuadras con
cánticos de victoria y humillamos de tal manera a los de 5to año que
asimilaron con hechos y no palabras que la XXXII era indiscutiblemente
"Superior a la mejor..."
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